lunes, 25 de julio de 2011
Si una hormiga resultara escritora, ¿qué podría escribir sino minificción? D. Lagmanovich: PRIMERA CIRCULAR IV JORNADAS NACIONALES DE MINIFIC...
Si una hormiga resultara escritora, ¿qué podría escribir sino minificción? D. Lagmanovich: PRIMERA CIRCULAR IV JORNADAS NACIONALES DE MINIFIC...: " 2, 3 y 4 de noviembre de 2011 Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional de Cuyo Mendoza, Argentina La minificción, y en partic..."
miércoles, 11 de mayo de 2011
el inquilino guionista: Miedo y racismo en los guiones
el inquilino guionista: Miedo y racismo en los guiones: "Prejuicios, manías y sobre todo control . Nuestras televisoras hispanohablantes lo tienen claro: el fin..."
El Crédito Crece en Árboles por Mechismo
¿Si fueras un árbol, qué clase de árbol serías?
Bárbara Walters, en entrevista a More.
Debido a los cambios en las leyes norteamericanas sobre bancarrota, las personas encuentran en sus buzones una gran cantidad de solicitudes en las que se les ofrecen tarjetas de crédito.
En diciembre de 2005, Gary More, un vendedor de casas harto de tanta basura decidió poner fin al acoso. Llamó por teléfono al banco, sin obtener resultados. Así que tomó una de las solicitudes y escribió “Never waste a tree” (Nunca desperdicies un árbol), en alusión al desperdicio de papel que suponían sus correos; a continuación la envió al banco. Para su sorpresa, al poco tiempo recibió una tarjeta de crédito de Chase Visa a nombre de “Never Waste Tree”. A la fecha ha declinado usar la tarjeta; quizá lo haga para comprar fertilizante
Bárbara Walters, en entrevista a More.
Debido a los cambios en las leyes norteamericanas sobre bancarrota, las personas encuentran en sus buzones una gran cantidad de solicitudes en las que se les ofrecen tarjetas de crédito.
En diciembre de 2005, Gary More, un vendedor de casas harto de tanta basura decidió poner fin al acoso. Llamó por teléfono al banco, sin obtener resultados. Así que tomó una de las solicitudes y escribió “Never waste a tree” (Nunca desperdicies un árbol), en alusión al desperdicio de papel que suponían sus correos; a continuación la envió al banco. Para su sorpresa, al poco tiempo recibió una tarjeta de crédito de Chase Visa a nombre de “Never Waste Tree”. A la fecha ha declinado usar la tarjeta; quizá lo haga para comprar fertilizante
SOMALY MAM, EL SILENCIO DE LA INOCENCIA por Juan Miguel Hurtado
Somaly Mam, nacida en 1970 o 1971 en Bou Sra, al noreste de Camboya –en donde vive la tribu denominada Phong– es una reconocida activista dedicada a la lucha para acabar con la trata y explotación sexual de mujeres, niñas y niños.
Huérfana y prácticamente desamparada entre su tribu, a los siete años fue adoptada por un hombre que decía ser su abuelo, quien la trataba como una esclava, constantemente la golpeaba y abusaba sexualmente de ella. Después de haber cumplido doce años. Cuando cumplió 12 años su “abuelo” decidió venderla a la dueña de un prostíbulo. Durante varios años fue obligada a prostituirse; cada día iban a verla entre 15 y 20 clientes, y si ella se resistía a tener relaciones sexuales con ellos la golpeaban, la quemaban con cigarros y cables, o la encerraban en una jaula. Fue testigo de la tortura y homicidio de varias víctimas que se negaban a las violaciones o trataban de escapar, la mayoría de ellas menores de edad.
Afortunadamente, logró salir de ese mundo cuando compró su propia libertad. Contrajo matrimonio con un hombre francés llamado Pierre Legros, quien se encargaba de los laboratorios de Médicos sin Fronteras en Camboya y posteriormente se fueron a vivir a Francia.
A pesar de su propio dolor y miedo, Somaly tomó la decisión de regresar a su país y abrir AFESIP (Acción por las Mujeres en Situación Precaria, por sus siglas en francés) con la misión de liberar a tantas otras mujeres que continuaban siendo explotadas y maltratadas en los prostíbulos. Sin embargo, esto ha demostrado no ser una tarea fácil, pues tras el régimen de Pol Pot y el genocidio que sufrió Camboya en la década de los setenta, los índices de pobreza y corrupción continúan siendo sumamente altos. Así, en el afán de lograr su meta, inevitablemente se ganó, recibiendo amenazas y agresiones constantemente. Las autoridades, lejos de prestarle ayuda, fueron y siguen siendo un obstáculo, ya que varios funcionarios son clientes o dueños de estos prostíbulos.
La ayuda que Mam solicitaba a distintas organizaciones y el apoyo que daba a las víctimas no era suficiente, por lo que decidió escribir sus memorias. El libro, llamado en español El silencio de la inocencia, causó tal indignación al describir tan crudamente el problema tan grande que se vive en Camboya que su autora fue nominada en 2008 al Premio Nobel de la Paz.
Actualmente Somaly Mam continúa rescatando mujeres, niños y niñas víctimas de trata y explotación sexual, no sólo a través de AFESIP, sino de la fundación que lleva su nombre. Estas dos fundaciones, además de albergar a mujeres, cuentan con programas de ayuda psicológica, educación, investigación y readaptación.
www.afesip.org
www.somaly.org
Huérfana y prácticamente desamparada entre su tribu, a los siete años fue adoptada por un hombre que decía ser su abuelo, quien la trataba como una esclava, constantemente la golpeaba y abusaba sexualmente de ella. Después de haber cumplido doce años. Cuando cumplió 12 años su “abuelo” decidió venderla a la dueña de un prostíbulo. Durante varios años fue obligada a prostituirse; cada día iban a verla entre 15 y 20 clientes, y si ella se resistía a tener relaciones sexuales con ellos la golpeaban, la quemaban con cigarros y cables, o la encerraban en una jaula. Fue testigo de la tortura y homicidio de varias víctimas que se negaban a las violaciones o trataban de escapar, la mayoría de ellas menores de edad.
Afortunadamente, logró salir de ese mundo cuando compró su propia libertad. Contrajo matrimonio con un hombre francés llamado Pierre Legros, quien se encargaba de los laboratorios de Médicos sin Fronteras en Camboya y posteriormente se fueron a vivir a Francia.
A pesar de su propio dolor y miedo, Somaly tomó la decisión de regresar a su país y abrir AFESIP (Acción por las Mujeres en Situación Precaria, por sus siglas en francés) con la misión de liberar a tantas otras mujeres que continuaban siendo explotadas y maltratadas en los prostíbulos. Sin embargo, esto ha demostrado no ser una tarea fácil, pues tras el régimen de Pol Pot y el genocidio que sufrió Camboya en la década de los setenta, los índices de pobreza y corrupción continúan siendo sumamente altos. Así, en el afán de lograr su meta, inevitablemente se ganó, recibiendo amenazas y agresiones constantemente. Las autoridades, lejos de prestarle ayuda, fueron y siguen siendo un obstáculo, ya que varios funcionarios son clientes o dueños de estos prostíbulos.
La ayuda que Mam solicitaba a distintas organizaciones y el apoyo que daba a las víctimas no era suficiente, por lo que decidió escribir sus memorias. El libro, llamado en español El silencio de la inocencia, causó tal indignación al describir tan crudamente el problema tan grande que se vive en Camboya que su autora fue nominada en 2008 al Premio Nobel de la Paz.
Actualmente Somaly Mam continúa rescatando mujeres, niños y niñas víctimas de trata y explotación sexual, no sólo a través de AFESIP, sino de la fundación que lleva su nombre. Estas dos fundaciones, además de albergar a mujeres, cuentan con programas de ayuda psicológica, educación, investigación y readaptación.
www.afesip.org
www.somaly.org
LEYENDAS URBANAS por Mercedes Martínez Cossío
En 1924, William Randolph Hearst, iniciador de la prensa amarilla, se vio envuelto en un escándalo digno de sus polémicas publicaciones. Para celebrar su cumpleaños 43, invitó a una serie de personajes de la época, entre quienes se encontraban su amante Marion Davies, Charles Chaplin, la periodista Louella Parsons, el actor, productor y director Thomas Ince, conocido como “el padre del western”, y otras 11 personas. Al final de la fiesta, Ince apareció muerto; las autoridades alegaron un ataque al corazón y/o una indigestión, pero los rumores en Hollywood señalaban a Hearst como el asesino del famoso director.
William Randolph Hearst tenía un poder inmenso, pues a través de sus portadas y notas sensacionalistas creó el imperio mediático más grande e influyente en los Estados Unidos (por lo mismo, del mundo). Dueño de múltiples publicaciones, la opinión pública de los ciudadanos estaba en gran medida en sus manos. Era un magnate excéntrico, omnipotente e intocable; su historia inspiró el filme El ciudadano Kane, de Orson Welles, para muchos la mejor película que se haya hecho hasta hoy.
Los primeros relatos sobre la muerte de Ince fueron contradictorios: se dijo que Ince se había enfermado durante su visita al rancho de Hearst y que lo habían llevado en ambulancia a su casa, donde habría muerto acompañado de su familia. Todo fue desmentido rápidamente, pues mucha gente lo había visto a bordo del Oneida en San Diego. Las especulaciones se dispararon cuando el secretario de Chaplin afirmó haber visto un agujero de bala en la cabeza de Ince cuando lo bajaron del yate.
Los rumores se hicieron cada vez más fuertes, y entonces se gestó el encubrimiento. Sin indagatoria forense fueron rápidamente cremados los restos de Ince. El único testigo presencial llamado a declarar fue el Dr. Daniel Carson Goodman, empleado de Hearst, quien declaró haber viajado en el tren a San Diego con Ince y que éste había presentado molestias cardiacas. Esta declaración fue suficiente para satisfacer al fiscal, quien dio por cerrado el caso.
Entre las historias que circularon la más sonada es que el asesinato fue producto de un error. Hearst era un hombre sumamente posesivo con su amante Marion Davies, y como había llegado a sus oídos que sostenía un romance con Chaplin, decidió invitar al cómico para poder observarlos juntos. El desenlace fue que Hearst los encontró demasiado cercanos, y que la bala destinada a Chaplin fue la que mató por error a Ince.
Ochenta y seis años después de los hechos en Noviembre de 1924, la muerte del director y productor Thomas Ince sigue siendo un misterio. Curiosamente, después de lo ocurrido en el Oneida, Louella Parsons ganó un contrato de por vida con la Corporación Hearst y se convirtió en “la reina del chisme”. Hearst era demasiado poderoso para tocarlo.
En 1996, Patricia Hearst, nieta del magnate, escribió junto con Cordelia Frances Biddle la novela Asesinato en San Simeon, basada en el misterioso asesinato de su abuelo. Los rumores también fueron dramatizados en la obra El maullido del gato (The cat’s meow) en 2001. Si hubo o no disparo, nunca lo sabremos con certeza…
William Randolph Hearst tenía un poder inmenso, pues a través de sus portadas y notas sensacionalistas creó el imperio mediático más grande e influyente en los Estados Unidos (por lo mismo, del mundo). Dueño de múltiples publicaciones, la opinión pública de los ciudadanos estaba en gran medida en sus manos. Era un magnate excéntrico, omnipotente e intocable; su historia inspiró el filme El ciudadano Kane, de Orson Welles, para muchos la mejor película que se haya hecho hasta hoy.
Los primeros relatos sobre la muerte de Ince fueron contradictorios: se dijo que Ince se había enfermado durante su visita al rancho de Hearst y que lo habían llevado en ambulancia a su casa, donde habría muerto acompañado de su familia. Todo fue desmentido rápidamente, pues mucha gente lo había visto a bordo del Oneida en San Diego. Las especulaciones se dispararon cuando el secretario de Chaplin afirmó haber visto un agujero de bala en la cabeza de Ince cuando lo bajaron del yate.
Los rumores se hicieron cada vez más fuertes, y entonces se gestó el encubrimiento. Sin indagatoria forense fueron rápidamente cremados los restos de Ince. El único testigo presencial llamado a declarar fue el Dr. Daniel Carson Goodman, empleado de Hearst, quien declaró haber viajado en el tren a San Diego con Ince y que éste había presentado molestias cardiacas. Esta declaración fue suficiente para satisfacer al fiscal, quien dio por cerrado el caso.
Entre las historias que circularon la más sonada es que el asesinato fue producto de un error. Hearst era un hombre sumamente posesivo con su amante Marion Davies, y como había llegado a sus oídos que sostenía un romance con Chaplin, decidió invitar al cómico para poder observarlos juntos. El desenlace fue que Hearst los encontró demasiado cercanos, y que la bala destinada a Chaplin fue la que mató por error a Ince.
Ochenta y seis años después de los hechos en Noviembre de 1924, la muerte del director y productor Thomas Ince sigue siendo un misterio. Curiosamente, después de lo ocurrido en el Oneida, Louella Parsons ganó un contrato de por vida con la Corporación Hearst y se convirtió en “la reina del chisme”. Hearst era demasiado poderoso para tocarlo.
En 1996, Patricia Hearst, nieta del magnate, escribió junto con Cordelia Frances Biddle la novela Asesinato en San Simeon, basada en el misterioso asesinato de su abuelo. Los rumores también fueron dramatizados en la obra El maullido del gato (The cat’s meow) en 2001. Si hubo o no disparo, nunca lo sabremos con certeza…
HEGEL (1770-1831) por Juan Miguel Hurtado
La importancia y trascendencia de un filósofo es lo más complejo de resumir, no importa si es en un breve espacio o en tomos completos. En parte, porque, contrario a lo que se piensa, los grandes filósofos no caducan ni se superan, sino que su legado se cuela hasta el presente no sólo en el ámbito académico, sino en cómo pensamos, percibimos e interpretamos hoy. Hegel fue (es) un pensador titánico y monstruoso, al grado que tras casi doscientos años se sigue discutiendo con él. En consecuencia, todo lo que viene a continuación implica una simplificación que requeriría de cientos de matices.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació en lo que hoy es Alemania en 1770, durante un periodo en que la filosofía seguía íntimamente relacionada con la religión (Hegel estudió teología). Sin embargo, la mentalidad estaba cambiando; con el triunfo de la Revolución Francesa (1789) y posteriormente la propagación de la separación de la religión frente a los asuntos públicos e intelectuales (principalmente debido al domino de Napoleón en Europa) se hizo inminente para los pensadores emprender un nuevo camino.
En Alemania todo giraría alrededor del Idealismo. Esta corriente filosófica retomó a pensadores tan antiguos como Platón; su iniciador fue Immanuel Kant, quien es considerado por algunos como el responsable del pensamiento crítico moderno: los idealistas dan prioridad al mundo de las ideas sobre el material, y Kant cuestionó el que podamos conocer los objetos, el mundo material, tal cual es; para Kant nuestra mente contiene una especie de red de categorías en la que vamos colocando lo que observamos (entendemos que un gato es un gato porque existe la categoría). Así inició (involuntariamente) una lucha entre quienes piensan que el mundo existe por sí mismo y quienes, en menor o mayor medida, lo consideran una construcción mental.
Hegel continuó y sistematizó el idealismo. Para él, el mundo en sí, creación divina, es un espacio de contradicciones infinitas. Las cosas que son (tesis) aparecen sólo en oposición a otras (antítesis), y estas dos ideas se funden en una para hacerlas inteligibles (síntesis); cada síntesis se convierte a su vez en una nueva tesis. Para Hegel el universo es así, y por lo tanto sólo siguiendo esta fórmula, llamada dialéctica, podemos acceder a conocerlo.
Como muchos idealistas (desde Platón), su filosofía iba enfocada a descubrir la finalidad del ser humano, y así concluyó que nuestra eterna lucha por llegar a la libertad absoluta (a Dios) era progresiva (vamos caminando hacia algo mejor). Bajo su mirada, Dios no sólo lo sabe todo (omisciente), no sólo está en todas partes (omnipresente) sino que es todo; por lo tanto, el camino a Dios, previamente trazado por la Providencia, es el camino hacia el conocimiento total: Dios es la síntesis de todas las síntesis, la misión del hombre es descubrir todas las contradicciones para llegar a Él.
Las teorías de Hegel son tan amplias y complejas que fueron retomadas con resultados disímbolos. Sus seguidores se dividen en “derecha” e “izquierda”, los primeros se centraron en su filosofía tal cual, y llegaron a pensar que el estado prusiano (su Espíritu) había llegado a su máximo nivel de desarrollo; los de izquierda lo negaron, y buscaron complementar o adaptar las teorías hegelianas. El más famoso de estos últimos fue Karl Marx, quien aplicó la misma visión histórica de Hegel (el camino progresivo hacia la libertad total) a las teorías materialistas: el mundo se rige por la economía, la misión del hombre, su búsqueda por la libertad, consiste en lograr la igualdad material absoluta.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació en lo que hoy es Alemania en 1770, durante un periodo en que la filosofía seguía íntimamente relacionada con la religión (Hegel estudió teología). Sin embargo, la mentalidad estaba cambiando; con el triunfo de la Revolución Francesa (1789) y posteriormente la propagación de la separación de la religión frente a los asuntos públicos e intelectuales (principalmente debido al domino de Napoleón en Europa) se hizo inminente para los pensadores emprender un nuevo camino.
En Alemania todo giraría alrededor del Idealismo. Esta corriente filosófica retomó a pensadores tan antiguos como Platón; su iniciador fue Immanuel Kant, quien es considerado por algunos como el responsable del pensamiento crítico moderno: los idealistas dan prioridad al mundo de las ideas sobre el material, y Kant cuestionó el que podamos conocer los objetos, el mundo material, tal cual es; para Kant nuestra mente contiene una especie de red de categorías en la que vamos colocando lo que observamos (entendemos que un gato es un gato porque existe la categoría). Así inició (involuntariamente) una lucha entre quienes piensan que el mundo existe por sí mismo y quienes, en menor o mayor medida, lo consideran una construcción mental.
Hegel continuó y sistematizó el idealismo. Para él, el mundo en sí, creación divina, es un espacio de contradicciones infinitas. Las cosas que son (tesis) aparecen sólo en oposición a otras (antítesis), y estas dos ideas se funden en una para hacerlas inteligibles (síntesis); cada síntesis se convierte a su vez en una nueva tesis. Para Hegel el universo es así, y por lo tanto sólo siguiendo esta fórmula, llamada dialéctica, podemos acceder a conocerlo.
Como muchos idealistas (desde Platón), su filosofía iba enfocada a descubrir la finalidad del ser humano, y así concluyó que nuestra eterna lucha por llegar a la libertad absoluta (a Dios) era progresiva (vamos caminando hacia algo mejor). Bajo su mirada, Dios no sólo lo sabe todo (omisciente), no sólo está en todas partes (omnipresente) sino que es todo; por lo tanto, el camino a Dios, previamente trazado por la Providencia, es el camino hacia el conocimiento total: Dios es la síntesis de todas las síntesis, la misión del hombre es descubrir todas las contradicciones para llegar a Él.
Las teorías de Hegel son tan amplias y complejas que fueron retomadas con resultados disímbolos. Sus seguidores se dividen en “derecha” e “izquierda”, los primeros se centraron en su filosofía tal cual, y llegaron a pensar que el estado prusiano (su Espíritu) había llegado a su máximo nivel de desarrollo; los de izquierda lo negaron, y buscaron complementar o adaptar las teorías hegelianas. El más famoso de estos últimos fue Karl Marx, quien aplicó la misma visión histórica de Hegel (el camino progresivo hacia la libertad total) a las teorías materialistas: el mundo se rige por la economía, la misión del hombre, su búsqueda por la libertad, consiste en lograr la igualdad material absoluta.
EL ALMA-CEN por Guitele Chernitzky Zona de confort… Zona de terror
Existen tres círculos viciosos de esos que nos quitan el sueño, pero que no les ponemos nombre y apellido y entonces nos hacemos la ilusión de que no vamos a caer en ellos. ¡Pero cómo que no! Diario vamos dando pasitos hacia ellos y no nos damos cuenta hasta que ya estamos dentro… ¡gulp!
Relajación de compromiso: es cuando nos da por hacer las cosas bien, empezamos un proyecto y depositamos toda nuestra energía. Creatividad y productividad están al servicio del mismo, y justo antes de terminarlo algo pasa… El caso es que no queda como esperábamos y no entendemos por qué. Ahí les va una explicación, a mi estilo, claro está. Imaginen que sobre una estufa hay una sartén, dentro, una rana en agüita tibia feliz; de pronto, alguien le sube al fuego, la rana no se da cuenta y la sopita de rana no se hace esperar. Eso es lo que sucede cuando relajamos el compromiso.
La famosa “zona de confort”: esta zona no es solo una colección de sentimientos o sensaciones, es como un poltergeist dentro de nosotros –por eso lo del título de esta columna– que nos hace pagar precios muy altos en nuestras vidas. Ahí nos sentimos resguardados, nadie nos invade y nadie nos obliga a salir. Andamos, como dicen, “pagados por nosotros mismos”; sí, presumiditos y presumiditas, creemos con fervor que tenemos todo bajo control (oh, sí). Muchas personas no ven la zona de confort como una limitación. Le dicen conciencia, intuición, etc., y ahí se mantienen. Me imagino que no tengo que recordarles cómo les ha ido cuando no han parado las antenas, y menos el precio que han pagado.
En las empresas donde imparto capacitación, conferencias y coaching, no pueden ustedes imaginarse cuántos ejecutivos comparten conmigo sus experiencias de haberse quedado muy en Harekrishna, es decir, aquí no pasa nada, y entonces la famosa zona les pega en su talón de Aquiles… ¡ouch! los que se creían controladores son controlados.
Harakiri por la ley del menor esfuerzo: ¡el peor de todos! Los samuráis se hacían el Harakiri (suicidio por medio de su propio sable) cuando habían perdido el honor y sentían vergüenza. ¿Dónde aplica aquí el paralelismo? Pues cuando postergamos las cosas porque sentimos que hasta el tiempo lo dominamos; cuando estamos seguros de que tenemos control de todo y de todos e incluso creemos poseer la varita mágica que a la orden de “hocus-pocus” hará nuestros deseos realidad. Estamos jugando a la Ley del Menor Esfuerzo. ¡Cuidado! Nos podría pasar como a la ranita que creyó en el escorpión cuando éste le pidió que lo cruzara en su lomo al otro lado del río, bajo promesa de no picarla. Claro, el escorpión la picó aún a sabiendas de que iba a morir ahogado él también… y la naive de la rana todavía le cuestionaba el porqué, a lo que el escorpión respondió: “¡Ay ranita!, quién te manda creer sólo por ser tú esto no te iba a pasar. Nací para picar y pico”.
El letrerito del Alma-cén hoy lee así:
Ancas de rana en escabeche, ¡deliciosas!
Relajación de compromiso: es cuando nos da por hacer las cosas bien, empezamos un proyecto y depositamos toda nuestra energía. Creatividad y productividad están al servicio del mismo, y justo antes de terminarlo algo pasa… El caso es que no queda como esperábamos y no entendemos por qué. Ahí les va una explicación, a mi estilo, claro está. Imaginen que sobre una estufa hay una sartén, dentro, una rana en agüita tibia feliz; de pronto, alguien le sube al fuego, la rana no se da cuenta y la sopita de rana no se hace esperar. Eso es lo que sucede cuando relajamos el compromiso.
La famosa “zona de confort”: esta zona no es solo una colección de sentimientos o sensaciones, es como un poltergeist dentro de nosotros –por eso lo del título de esta columna– que nos hace pagar precios muy altos en nuestras vidas. Ahí nos sentimos resguardados, nadie nos invade y nadie nos obliga a salir. Andamos, como dicen, “pagados por nosotros mismos”; sí, presumiditos y presumiditas, creemos con fervor que tenemos todo bajo control (oh, sí). Muchas personas no ven la zona de confort como una limitación. Le dicen conciencia, intuición, etc., y ahí se mantienen. Me imagino que no tengo que recordarles cómo les ha ido cuando no han parado las antenas, y menos el precio que han pagado.
En las empresas donde imparto capacitación, conferencias y coaching, no pueden ustedes imaginarse cuántos ejecutivos comparten conmigo sus experiencias de haberse quedado muy en Harekrishna, es decir, aquí no pasa nada, y entonces la famosa zona les pega en su talón de Aquiles… ¡ouch! los que se creían controladores son controlados.
Harakiri por la ley del menor esfuerzo: ¡el peor de todos! Los samuráis se hacían el Harakiri (suicidio por medio de su propio sable) cuando habían perdido el honor y sentían vergüenza. ¿Dónde aplica aquí el paralelismo? Pues cuando postergamos las cosas porque sentimos que hasta el tiempo lo dominamos; cuando estamos seguros de que tenemos control de todo y de todos e incluso creemos poseer la varita mágica que a la orden de “hocus-pocus” hará nuestros deseos realidad. Estamos jugando a la Ley del Menor Esfuerzo. ¡Cuidado! Nos podría pasar como a la ranita que creyó en el escorpión cuando éste le pidió que lo cruzara en su lomo al otro lado del río, bajo promesa de no picarla. Claro, el escorpión la picó aún a sabiendas de que iba a morir ahogado él también… y la naive de la rana todavía le cuestionaba el porqué, a lo que el escorpión respondió: “¡Ay ranita!, quién te manda creer sólo por ser tú esto no te iba a pasar. Nací para picar y pico”.
El letrerito del Alma-cén hoy lee así:
Ancas de rana en escabeche, ¡deliciosas!
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