miércoles, 31 de agosto de 2011
lunes, 25 de julio de 2011
Si una hormiga resultara escritora, ¿qué podría escribir sino minificción? D. Lagmanovich: PRIMERA CIRCULAR IV JORNADAS NACIONALES DE MINIFIC...
Si una hormiga resultara escritora, ¿qué podría escribir sino minificción? D. Lagmanovich: PRIMERA CIRCULAR IV JORNADAS NACIONALES DE MINIFIC...: " 2, 3 y 4 de noviembre de 2011 Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional de Cuyo Mendoza, Argentina La minificción, y en partic..."
miércoles, 11 de mayo de 2011
el inquilino guionista: Miedo y racismo en los guiones
el inquilino guionista: Miedo y racismo en los guiones: "Prejuicios, manías y sobre todo control . Nuestras televisoras hispanohablantes lo tienen claro: el fin..."
El Crédito Crece en Árboles por Mechismo
¿Si fueras un árbol, qué clase de árbol serías?
Bárbara Walters, en entrevista a More.
Debido a los cambios en las leyes norteamericanas sobre bancarrota, las personas encuentran en sus buzones una gran cantidad de solicitudes en las que se les ofrecen tarjetas de crédito.
En diciembre de 2005, Gary More, un vendedor de casas harto de tanta basura decidió poner fin al acoso. Llamó por teléfono al banco, sin obtener resultados. Así que tomó una de las solicitudes y escribió “Never waste a tree” (Nunca desperdicies un árbol), en alusión al desperdicio de papel que suponían sus correos; a continuación la envió al banco. Para su sorpresa, al poco tiempo recibió una tarjeta de crédito de Chase Visa a nombre de “Never Waste Tree”. A la fecha ha declinado usar la tarjeta; quizá lo haga para comprar fertilizante
Bárbara Walters, en entrevista a More.
Debido a los cambios en las leyes norteamericanas sobre bancarrota, las personas encuentran en sus buzones una gran cantidad de solicitudes en las que se les ofrecen tarjetas de crédito.
En diciembre de 2005, Gary More, un vendedor de casas harto de tanta basura decidió poner fin al acoso. Llamó por teléfono al banco, sin obtener resultados. Así que tomó una de las solicitudes y escribió “Never waste a tree” (Nunca desperdicies un árbol), en alusión al desperdicio de papel que suponían sus correos; a continuación la envió al banco. Para su sorpresa, al poco tiempo recibió una tarjeta de crédito de Chase Visa a nombre de “Never Waste Tree”. A la fecha ha declinado usar la tarjeta; quizá lo haga para comprar fertilizante
SOMALY MAM, EL SILENCIO DE LA INOCENCIA por Juan Miguel Hurtado
Somaly Mam, nacida en 1970 o 1971 en Bou Sra, al noreste de Camboya –en donde vive la tribu denominada Phong– es una reconocida activista dedicada a la lucha para acabar con la trata y explotación sexual de mujeres, niñas y niños.
Huérfana y prácticamente desamparada entre su tribu, a los siete años fue adoptada por un hombre que decía ser su abuelo, quien la trataba como una esclava, constantemente la golpeaba y abusaba sexualmente de ella. Después de haber cumplido doce años. Cuando cumplió 12 años su “abuelo” decidió venderla a la dueña de un prostíbulo. Durante varios años fue obligada a prostituirse; cada día iban a verla entre 15 y 20 clientes, y si ella se resistía a tener relaciones sexuales con ellos la golpeaban, la quemaban con cigarros y cables, o la encerraban en una jaula. Fue testigo de la tortura y homicidio de varias víctimas que se negaban a las violaciones o trataban de escapar, la mayoría de ellas menores de edad.
Afortunadamente, logró salir de ese mundo cuando compró su propia libertad. Contrajo matrimonio con un hombre francés llamado Pierre Legros, quien se encargaba de los laboratorios de Médicos sin Fronteras en Camboya y posteriormente se fueron a vivir a Francia.
A pesar de su propio dolor y miedo, Somaly tomó la decisión de regresar a su país y abrir AFESIP (Acción por las Mujeres en Situación Precaria, por sus siglas en francés) con la misión de liberar a tantas otras mujeres que continuaban siendo explotadas y maltratadas en los prostíbulos. Sin embargo, esto ha demostrado no ser una tarea fácil, pues tras el régimen de Pol Pot y el genocidio que sufrió Camboya en la década de los setenta, los índices de pobreza y corrupción continúan siendo sumamente altos. Así, en el afán de lograr su meta, inevitablemente se ganó, recibiendo amenazas y agresiones constantemente. Las autoridades, lejos de prestarle ayuda, fueron y siguen siendo un obstáculo, ya que varios funcionarios son clientes o dueños de estos prostíbulos.
La ayuda que Mam solicitaba a distintas organizaciones y el apoyo que daba a las víctimas no era suficiente, por lo que decidió escribir sus memorias. El libro, llamado en español El silencio de la inocencia, causó tal indignación al describir tan crudamente el problema tan grande que se vive en Camboya que su autora fue nominada en 2008 al Premio Nobel de la Paz.
Actualmente Somaly Mam continúa rescatando mujeres, niños y niñas víctimas de trata y explotación sexual, no sólo a través de AFESIP, sino de la fundación que lleva su nombre. Estas dos fundaciones, además de albergar a mujeres, cuentan con programas de ayuda psicológica, educación, investigación y readaptación.
www.afesip.org
www.somaly.org
Huérfana y prácticamente desamparada entre su tribu, a los siete años fue adoptada por un hombre que decía ser su abuelo, quien la trataba como una esclava, constantemente la golpeaba y abusaba sexualmente de ella. Después de haber cumplido doce años. Cuando cumplió 12 años su “abuelo” decidió venderla a la dueña de un prostíbulo. Durante varios años fue obligada a prostituirse; cada día iban a verla entre 15 y 20 clientes, y si ella se resistía a tener relaciones sexuales con ellos la golpeaban, la quemaban con cigarros y cables, o la encerraban en una jaula. Fue testigo de la tortura y homicidio de varias víctimas que se negaban a las violaciones o trataban de escapar, la mayoría de ellas menores de edad.
Afortunadamente, logró salir de ese mundo cuando compró su propia libertad. Contrajo matrimonio con un hombre francés llamado Pierre Legros, quien se encargaba de los laboratorios de Médicos sin Fronteras en Camboya y posteriormente se fueron a vivir a Francia.
A pesar de su propio dolor y miedo, Somaly tomó la decisión de regresar a su país y abrir AFESIP (Acción por las Mujeres en Situación Precaria, por sus siglas en francés) con la misión de liberar a tantas otras mujeres que continuaban siendo explotadas y maltratadas en los prostíbulos. Sin embargo, esto ha demostrado no ser una tarea fácil, pues tras el régimen de Pol Pot y el genocidio que sufrió Camboya en la década de los setenta, los índices de pobreza y corrupción continúan siendo sumamente altos. Así, en el afán de lograr su meta, inevitablemente se ganó, recibiendo amenazas y agresiones constantemente. Las autoridades, lejos de prestarle ayuda, fueron y siguen siendo un obstáculo, ya que varios funcionarios son clientes o dueños de estos prostíbulos.
La ayuda que Mam solicitaba a distintas organizaciones y el apoyo que daba a las víctimas no era suficiente, por lo que decidió escribir sus memorias. El libro, llamado en español El silencio de la inocencia, causó tal indignación al describir tan crudamente el problema tan grande que se vive en Camboya que su autora fue nominada en 2008 al Premio Nobel de la Paz.
Actualmente Somaly Mam continúa rescatando mujeres, niños y niñas víctimas de trata y explotación sexual, no sólo a través de AFESIP, sino de la fundación que lleva su nombre. Estas dos fundaciones, además de albergar a mujeres, cuentan con programas de ayuda psicológica, educación, investigación y readaptación.
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